martes, 9 de noviembre de 2010

Fui el día y la hora acordados, me encontré con un señor de ojos muy claros, unos 40 años, en ropa deportiva y con una gran y amplia sonrisa, que me reconoció al instante y se acerco a mí con aire de simpatía. Se presento, ya que aprecio por mi cara de sorpresa que yo no lo reconocía a el, me recordó donde y cuando nos conocimos algunos años antes, cuando era la masajista del equipo de futbol-sala de mi pueblo.  Pronto caí en quien era y nos fuimos en dirección al gimnasio del que era propietario, mientras me contaba la historia del negocio y como sucio la idea de contactar con migo.

Era un gimnasio bastante grande, para ser de un pueblecito, contaba de un recibidor, donde había un mostrador en el que se recibía a los socios y a los nuevos clientes, con todos los papeles desordenados por toda la mesa y una gran estantería con una cantidad de ficheros colocados como si los hubieran tirado desde lejos, un desorden….  A la derecha había un pasillo no muy ancho con dos puertas, una era la entrada a una sauna de madera en la que cabían 6 personas máximo, con su baño y su ducha a parte y la otra puerta era un almacén también desordenado que pretendía que fuese la sala de masajes.

Si seguías el pasillo llegabas a la sala de espejos; Esta sala contaba con muchos metros diáfanos en los cuales el suelo era de una goma especial antideslizante, unas cuantas espalderas a la pared derecha y un gran espejo al fondo. Delimitada la sala por una cortina inmensa, a la izquierda estaba la sala de musculación con un montón de maquinas que no sabia ni para que servían, todo nuevo, flamante y con el olor representativo del cuero nuevo.

Carlos, que así se llamaba este señor, y digo señor porque a mi me lo parecía ya que yo no tenia demasiada edad, me contaba que hacia tiempo que tenia el gimnasio, que lo abrió con maquinas de segunda mano y que a la izquierda de recepción tenia una tiendecita de ropa de deporte. Ahora habían comprado todo nuevo gracias a una subvención de deportes del gobierno de Aragón, y como la tiendecita no tenía demasiadas ventas la habían transformado en la sala de aeróbicos. Desandamos nuestros pasos hasta llegar a recepción y seguimos por un pasillo adelante hasta llegar a la extienda. Constaba de una sala bastante mas pequeña que la anterior con varias bicicletas estáticas, y  otras muchas maquinas que tampoco sabía utilizar.

Yo le esplique que no sabia como funcionaba ni la mitad de esas maquinas, pero me tenia una sorpresa mas….

Dentro de la subvención que había recibido entraba un dinero para formación y quería que yo lo aprovechara marchándome a Zaragoza ha recibir un curso de monitor de gimnasio. Después de terminarlo, entraría a trabajar en el gimnasio contratada a jornada completa y mi función seria además de los masajes, cuidar las instalaciones, hacer tablas de ejercicios, ordenar y llevar los archivos de clientes y controlar los horarios de la sauna. Buf! Necesite un par de días para pensarlo con la cabeza, porque lo que era con el alma ¡estaba más que decidido! Siempre e sido muy temperamental y efusiva así que mi alma le gritaba a mi cabeza: ¡PERO BUENO! NO TE DAS CUENTA DE QUE ES UNA OPORTUNIDAD UNICA, NO TENDRAS UNA COMO ESTA EN OTRA OCASIÓN!!. ES MUCHO TRABAJO SI, PERO ¿DESDE CUANDO TE DA A TI MIEDO ESO?  A lo que mi cabeza contestaba:    SI, PERO ES UN PUEBLO DESCONOCIDO, CARLOS TAMBIEN LO ES ¿Y SI TE ESTA ENGAÑANDO? ¿Y SI LUEGO NO TE PAGA? ¿Y SI DESPUES DE HACER EL CURSO NO TE CONTRATA? ¿Y TUS AMIGOS DE LA PLAYA? ¿Y TU VIDA?

¡¡La cabeza siempre siendo una aguafiestas!! Pero me pareció  “maduro” escucharla, y así hice. Quedamos dos días después para concretar….. 

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