Hoy, 22 de diciembre, pasado ya mi cumpleaños, sin regalo por parte de mi marido por tercer año consecutivo, y el primer día de vacaciones de las niñas, agotada por el cansancio de las fiestas que se acercan, regalos del amigo invisible, comidas y cenas de empresa, etc... llego a la conclusión de que aunque viva en un pueblo de 900 habitantes consigo, sin saber como, extresarme. Extresarme, palabra muy redicha en la ultima década como algo muy normal, pero que según creo hace 20 años no sabíamos muy bien lo que era, como la palabra depresión.
La primera vez que escuche esta ultima palabra, era cuando vivía en un pueblo de costa, mi amiga estaba muy destrozada, porque su madre, que después de recibir de su marido palizas mil, durante todo su matrimonio, se la habían diagnosticado los psiquiatras. La madre después de deshacerse de su marido, había caído en esa extraña enfermedad que los demás decían que no existía. Mi amiga sabia que algo le pasaba a su madre, no quería salir de la habitación, con la persiana mas cerrada no podía ser y no tenia ganas de comer, valla! una depresión de caballo!
Ahora, después de muchos años se que esa señora si lo paso muy mal y después su hija siguió sus pasos.
Dejando todo esto a otro lado, estas son fechas de acordarnos de mucha gente que paso por nuestra vida, gente que nos gustaría ver, quedar con ellos y decirles lo mucho que nos marcaron nuestras vidas, personas que de no cruzarse en nuestro camino no estaríamos donde estamos en estos momentos... recuerdo un gran amigo/amante/trofeo, que tuve durante un tiempo. Se llamaba Toni y era, como no, el chico que gustaba a todas las madres para sus hijas, guapo, trabajador, atento... pero tenia algo que no sabían ellas, no se quería comprometer con ninguna. Bueno, como decía, estaba con migo y solo para mi y mis pensamientos mas intimos mientras trabajamos en una cafetería como compañeros. Nadie lo savia, era un juego interesante que él me propuso, así, las chicas seguían persiguiéndole diariamente mientras el me miraba para ver que reacción tenia yo. Al terminar la jornada laboral marchábamos todos los compañeros de copas a un pub cercano mientras nuestro juego seguía. Las chicas no se cansaban nunca de proponerle ir a sus casas y hasta le ponían las llaves del coche en las manos, a lo que Toni con mucha educación les rechazaba haciendo de esta acción algo mucho mas morboso para ellas y también para mi. Por supuesto terminabamos en mi piso o en el suyo, pero eso si, siempre solos.
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